“Este es el único encuentro en paz que en el mundo reúne a gentes de tantas naciones, y nosotros no solo somos invitados a esta fiesta sino que además somos protagonistas”, dijo el Maestro Tabárez, que sigue dando clase, en la conferencia de prensa posterior a la derrota de Uruguay ante Francia en Nizhny Nóvgorod, en los cuartos de final del Mundial de fútbol Rusia 2018.

Uruguay acababa de ser eliminado y el Maestro se ocupó en destacar hasta dónde habían llegado y en que tipo de competencia. A la vez que, con 71 años, no aseguró que aquí se terminaba todo, más bien remarcó que la ilusión mundialista de un pueblo continuaba. “Este sueño terminó, pero vendrán otros, y habrá que prepararlos”, remarcó. Se esperaba, ante la pregunta, que él contestara que dejaba de ser el técnico de la selección después de un proyecto en serio de 12 años. Sin embargo El Maestro no respondió eso y solo aclaró que él no iba a hacer “lobby” para quedarse, con lo cuál dejó sentado que una vez más deberían pedirle su continuidad.

Uruguay ganó cuatro partidos y perdió uno en el Mundial, ante el mejor equipo hasta ahora. Su derrota 2 a 0 ante Francia fue mucho más digna que el 4 a 3 que sufrió Argentina ante el mismo rival.

Tabárez también habló en la conferencia de prensa de las desventajas de Uruguay, desde el punto de vista demográfico, para pelear mano a mano con las grandes potencias del fútbol, y que igual lo logra.

Al respecto, en Argentina se dice que Uruguay es como una provincia del país, algunos despectivamente, otros desde el cariño y el afecto. En lo geográfico y demográfico, estrictamente cierto.

Aun con esas distancias la selección de Uruguay tiene hoy todo lo que le falta a la de Argentina. Organización, seriedad, proyecto afuera de la cancha. Organización, seriedad, proyecto, dentro de ella. Tiene cohesión, sentido de pertenencia de todos los jugadores por igual, hay referencias, no “camarilla”.

Uruguay tiene un equipo. Y Uruguay tiene un técnico. Un señor técnico. Un entrenador septuagenario al que a nadie se le ocurriría faltarle el respeto, reírsele por lo bajo en un entrenamiento o “moverle el piso” hasta que se tenga que ir del cargo porque “está grande”. Alfio Basile fue el último DT que ganó títulos con la Selección mayor en Argentina. Se tuvo que ir por todos esos preconceptos, por esas faltas de respeto, por esos “movimientos” extraños de algunos atrevidos que porque juegan mejor que la mayoría piensan que tienen que llevarse a todos por delante. Así les fue.

En Uruguay hay también estrellas con avión privado y podrán sugerir, pero nunca se les ocurrirá bajar o poner un futbolista de una lista ni hacer un movimiento para que un técnico se canse y se vaya porque “está grande”. El respeto de las grandes figuras de Uruguay al entrenador sabio de 71 años, -quien además debe dirigir en muletas por una enfermedad crónica, el síndrome ‘Guillain-Barré’-, es quizá la enseñanza que debería tomar la nueva generación que se viene para la Selección Argentina. La vieja ya no, sus vicios parecen irrecuperables, y por ello terminaron sin ganar nada. Salvo que un último acto de contrición salve a alguno.

Tras un partido amistoso a estas figuritas se les ocurrió cantar que eran ellos y que “no entran más”. El profe Dibos, preparador físico de Basile, reconoció que los futbolistas lo cantaban por Riquelme. El Coco convocó igual al último 10. Se tuvieron que ir los dos por esos irrespetuosos que después no refrendaron con títulos su soberbia.

España llegó a lo máximo de su historia futbolística con dos viejos sabios como técnicos, Aragonés y Del Bosque. A ninguno de sus dirigidos se les hubiera ocurrido faltarles el respeto o no atender sus recomendaciones. Tampoco ningún dirigente pensó, cuando los contrataron, que una “barrera generacional” iba a impedir el trato con los futbolistas.

Se podrá contraargumentar que es una “cuestión cultural”. ¿Tan distintos son los uruguayos a nosotros como para respetar y comprender que el sabio Tabárez es necesario y hasta imprescindible para su selección mientras que en Argentina tuvieron que cortar su carrera antes de tiempo sabios como Menotti, Basile o Bianchi? O para que se haya tenido que ir Pekerman. Y los desaprovechamos, cuando pudieron haber sido los docentes fundamentales para una generación perdida, la de Messi y cía.