La otra mirada

El Mundial que no se ve

En San Petersburgo, la Venecia de Rusia, hay una postal a cada paso. En el escenario de la primera semifinal del Mundial de fútbol 2018 todo deslumbra. Cada mirada desemboca en el asombro. Pero lo que más nos seduce es la armonía entre la imagen y el contenido.

Leningrado es la muestra cabal de lo que puede embellecer el hombre. Su arquitectura, su magnificencia, la vitalidad del paisaje por todo lo que se construyó alrededor del Río Neva, sus monumentales puentes levadizos, que se levantan en estas noches blancas de un verano un poco frío.

Pero Petrogrado también es el testimonio de lo que el hombre es capaz de destruir, después del bloqueo nazi que dejó un millón de muertos nada más que de frío y hambre solo entre la población civil, y la destrucción total de patrimonios de la humanidad como la residencia de Peterhof, en el golfo de Finlandia.

San Petersburgo-Leningrado-Petrogrado, se ha escrito, es finalmente de lo que el hombre es capaz de reconstruir a partir de la identidad, el orgullo, la tenacidad. Parece mentira que esta ciudad tan bella, y sus alrededores, Peterhof y sus islas circundantes, hayan recibido el ataque de cinco millones de bombas de los nazis. Y que la belleza haya florecido de vuelta tras ese aniquilamiento, de vidas, y de la vida del lugar. Justamente por lo que sobre el final de la guerra se llamó “el camino de la vida” se gestó un canal de resistencia por dónde los habitantes del lugar pasaban las provisiones para tratar de quebrar el bloqueo alemán.

San Petersburgo es continente y contenido. Por su belleza, por su historia. Pero también por su cultura. En la noche previa a la semifinal se agotaron por internet todos los tickets para todas las manifestaciones teatrales y musicales del día, una oferta que se asemeja a las más importantes del mundo en temporada alta. Este cronista no se dio por vencido y tuvo la idea de que quizá una vez en el Ballet Palace Theatre (Musical Comedy) se podía caer algún lugar para El Lago de Los Cisnes,-nada menos que a cargo del Russian Ballet de San Petersburgo y la Orquesta Sinfónica estatal de esta ciudad, con Stanislav Gorkovenko como director-, cuando ya figuraban agotados los boletos hasta el jueves 12 inclusive. Lo cierto es que apareció ese ticket, se pudo entrar, y la armonía de esta ciudad quedó plasmada en dos horas y media difícil de olvidar de por vida.

A la salida, a las 22.30, todavía era de día, con un atardecer que increíblemente, con un cielo rojizo, armonizaba con la belleza de la música de Tchaikosvsky y la perfección del Russian Ballet.
Dos días antes, a la llegada a San Petersburgo, bajamos del tren y nos fuimos a la Catedral de la Asunción de la Virgen María, a tres estaciones de subte de la Nevsky central. Porque allí únicamente ese día, el sábado 12, había un concierto de órgano y violín de Bach, Schubert y Piazzola. En el programa, el nombre del marplatense figuraba en cirílico. Igual nos enteramos, gracias al asesoramiento de Gaby Rivarola, y hacia allí fuimos “google maps” mediante ( Mриход Успения Пресвятой Девы Марии
ул. 1-я Красноармейская, 11,).

El sonido envolvente de esa Catedral, con los acordes de Piazzola, también en una noche “de día” que se podría apreciar por los vitrales de la iglesia, también tiene que ver con la armonía de esta ciudad. Que en la fila detrás nuestro hubiera niños y que se mantuvieran sin emitir sonido, escuchando con atención, una hora y media de concierto, fue una muestra más de los genes culturales de este pueblo.

La armonía de San Petersburgo. La cultura que envuelve y emociona. En la ciudad de la semifinal que ganó la armonía del orden de Francia.


mac260